Alberto Manuel León Pacheco

El mineño Roberto Skyers Pérez, con solo 19 años, es la esperanza de la velocidad cubana actual. Con su oro panamericano en los 200 metros y su juventud sueña con revivir las glorias de Silvio Leonard o Enrique Figuerola. Este muchacho sorprendió a técnicos y aficionados en el 2009 durante el Nacional de Velocidad Rafael Fortún, al batir el récord en Cuba para la categoría juvenil con registro de 20.24 segundos.

Sin embargo, las lesiones tan tempranas no lo han dejado cuajar y le ha sido esquivo participar en mundiales y competencias de alto nivel. Tal vez sea este metal dorado, el paso a su consolidación deportiva. Aprovechando el merecido descanso, Adelante conversó con el prometedor velocista.

No comenzaste en al Atletismo…

Yo empecé en pelota con el entrenador “Chino” Molina. Esos fueron mis primeros pasos, desde segundo hasta 5 grado, que me escapé y fui a una competencia de atletismo celebrada en la ciudad de Camagüey, donde gané sin entrenar. Luego el profesor Ernesto me captó, después de tres meses en Minas me llevaron para la EIDE en 6to.

En ese año clasifiqué para ir a los nacionales y fui el mejor de la EIDE pero no tuve buenos resultados pues empezaba en el atletismo y no tenía experiencia. En noveno grado corrí los nacionales y rompí el récord nacional escolar en 100 y 200 y cogí bronce en el relevo.

En Décimo fui para la ESPA nacional. Estuve un año y luego me bajaron por mi poco rendimiento académico. Dos años después regresé a la Habana y en marzo del 2009 durante el Fortún rompí el récord nacional juvenil con 20: 24 segundos. Luego estuve en una base de entrenamiento de 6 meses en Jamaica pero por el poco rendimiento académico solo duré un mes.

Posteriormente vinieron diversos mítines a Grecia, Brasil, Guadalupe y al iberoamericano de España donde me lesioné y por eso estuve fuera de los principales eventos de ese año.

Algunos entrenadores afirman que se deben correr dos distancias para complementar. ¿Qué opinas de eso?

Pienso que todo el mundo tiene su método para entrenar y para competir: hay quien dice que se deben correr dos distancias para complementarlas, otros plantean que una para especializarse. Yo creo que correr las dos es bueno, pero hoy por hoy como está el atletismo hay que especializarse en una de ellas, para dar todo de ti en la misma, y eso es lo que ha puesto mi entrenador en mí, es decir, darlo todo en los 200 y acudir a los 400 cuando pasen los años y pierda velocidad.

Guadalajara y el oro Panamericano

La competencia en general fue de buen nivel. Al principio, algunos dudaron de mí porque quedé segundo en la eliminatoria, pero el objetivo era clasificar entre los 4, no hacer un buen tiempo.

En la segunda carrera me sentí mejor, estaba más oxigenado, pues la altura me afectó. Allí fue cuando me percaté que podía llegar a una medalla. Cuando obtuve el oro parecía que el cetro era para los mexicanos porque gritaron y me apoyaron como si estuviera en Cuba. Fue muy emocionante y me hizo recordar cuando corro en las Copa Cuba o en el Barrientos.

El record nacional es tu carta de presentación. ¿Piensas mejorarlo pronto?

Este año como cerré en Guadalajara estoy muy optimista. Pienso en la próxima temporada durante la Copa Cuba, la Olimpiada del Deporte Cubano o en algún mitin en Europa mejorar mi marca personal, porque en el entrenamiento lo he hecho pero en competencias oficiales no. Como tengo el tiempo exigido para la olimpiada pienso ir y clasificar a finales, que sería mi máxima aspiración.

A pesar de los pocos años en las pistas ya te acompañan varias lesiones: ¿A qué se debe?

A la juventud pues con 17 años ya estaba de viaje por el mundo, tenía los músculos muy jóvenes todavía y no estaba acostumbrado a tantas carreras, una tras otras: miércoles, viernes, domingos. Tenía que correr prácticamente diario. Eso es para atletas como Dayron Robles, que ya está formado completamente. Las lesiones a veces son ocasionadas por negligencias y descuido de uno. Eso ya me pasó una vez, pero ya aprendí la lección y no ocurrirá más.

El esfuerzo tiene un premio.

El recibimiento en Minas jamás lo olvidaré. Nunca pensé que el pueblo de Minas me estuvieran viendo y que a tantas personas les gustara el deporte. Cuando llegué frente a mi casa había más de 100 personas, me emocioné tanto que lloré. En la calle todo el mundo me saludaba y felicitaba. Este es el precio que uno tiene que pagar y lo haré mil veces en los entrenamientos. Si el pueblo me quiere así, yo seguiré esforzándome al máximo.

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