Alexei Nápoles González

voli-cuba-femeninoEl voleibol femenino cubano atraviesa por un momento demasiado crítico, y con cada una de sus participaciones internacionales deja más sinsabores en aficionados, que desde la retirada de las Espectaculares Morenas del Caribe, esperan con optimismo la recuperación del deporte de la malla alta en la mayor de las Antillas.

No pretendo que lean un cuento de hadas ni una fábula para niños, pero les digo que había una vez, hace muchos, muchos años, un Verde Caimán, que tenía entre las muchachas una de las mejores selecciones del planeta, es más, para cientos de especialistas de la actividad ese era el mejor sexteto del Siglo XX.

Aquel elenco, tres veces campeón olímpico de manera consecutiva (Barcelona 92, Atlanta 96 y Sidney 2000); contaba con una nómina que, desde el entrenador hasta el masajista, imponía respeto sobre la cancha y mantenía siempre eufórico a sus fieles seguidores, entre ellos yo, un niño que comenzó a vibrar de emoción con cada una de las acciones de este seleccionado, especialmente con las victorias ante las escuadras de Brasil, Rusia e Italia.

Recuerdo entonces los ataques, saques, bloqueos, y, sobre todo, el tremendo empuje de figuras de renombre como Regla Torre, elegida la jugadora más destacada de la pasada centuria; Regla Bell, Mireya Luis, Zoila Barros, Yumilka Ruiz e Idalmis Gatos, entre otras.

Pasaron y pasaron esas generaciones de estrellas y otras que intentaron acercárseles en calidad deportiva con algunos resultados de importancia, al menos dentro del área de América.

Pero hoy, después de ver el pobre desempeño, de las que intentan convertirse en las nuevas morenas, en la Copa Panamericana, el NORCECA, Grand Prix y Campeonato del Mundo, se puede decir que el voleibol (f) de casa no tiene fuerza ya ni en el área centroamericana, para no apretar la tuerca y decir que perdió espacio en el Caribe.

Las chicas que defienden en la actualidad los colores de la selección nacional tienen todavía mucho talento por demostrar, pero también están sobrantes de problemas técnico-tácticos de la especialidad, y de inexperiencia e inmadurez deportiva, aspectos que no se resuelven con esporádicas participaciones en eventos foráneos

Sumémosle a tantas dificultades una epidemia que por ahora no parece tener cura ni con la vacuna de la nueva remuneración que reciben los atletas en dependencia de sus resultados o inclusión en preselecciones o equipos nacionales: el virus de la deserción.

Después de que el estado cubano gastó miles de pesos en desarrollarlas, en los últimos años varias jugadoras cubanas han abandonado la nación para insertarse en Ligas de Europa y Asia, en busca de mejoras salariales y de elevar el techo de su preparación deportiva.

Cuando nuestros especialistas y entrenadores logran armar una maquinaria con un nivel respetable, surgen las destructoras deserciones y hay que comenzar a ordenar el rompecabezas nuevamente por la primera de sus piezas.

De allí que el conjunto de la mayor de las Antillas siempre en todas las competencias es la representación que exhibe uno de los promedios de edad más joven, siendo además la de menos partidos jugados en la arena internacional.

Lo triste es que como antídoto para combatir el abandono ilegal y, también legal, de las voleibolistas de la Isla, se ha hablado en disímiles ocasiones de insertar jugadoras antillanas en certámenes fuera de frontera, como desde un tiempo hace el béisbol en las Grandes Ligas japonesas y en Italia.

Sin embargo, esta idea no acaba de consolidarse y al final Cuba, potencia mundial en el voleibol femenino durante el Siglo XX, sigue abasteciendo gratuitamente algunos campeonatos profesionales extranjeros, sin recaudar ni un centavo y perdiendo prestigio como equipo a todos los niveles. ¿Qué opinan ustedes?

 

 

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