Por: Alexei Nápoles González

Norge Luis Ruiz
Lanzador agramontino Norge Luis Ruiz

Como es tradicional en Cuba, cuando se habla de eventos deportivos, casi inician las acciones del Campeonato Nacional Sub-23 de béisbol y todavía no se había divulgado como sería ese torneo. Por suerte, desde hace unas horas esto ha cambiado y aunque aun la información sobre el certamen no llega completa, al menos se conocen algunas pinceladas de su estructura, y las fechas de comienzo y final.

La competencia arrancará el próximo martes 29 de julio y terminará el 16 de septiembre, solo cinco días antes de que inicie la 54 Serie Nacional (SN), fiesta que recesará en dos ocasiones: durante los XXII Juegos Deportivos Centroamericanos en Veracruz y en la semana de la Serie del Caribe.

Las provincias participantes en la referida liga estarán divididas en cuatro grupos. Por el A rivalizarán los planteles de Matanzas, Pinar del Río, Isla de la Juventud y Artemisa; en tanto, por la agrupación B chocarán los elencos de Cienfuegos, Habana, Mayabeque y Villa Clara.

Por su parte, en el apartado C saldrán al diamante las representaciones de Ciego de Ávila, Camagüey, Las Tunas y Sancti Spiritus; mientras los protagonistas de la llave D serán los conjuntos de Holguín, Santiago de Cuba, Granma y Guantánamo.

La temporada clasificatoria constará de 24 desafíos para cada selección y obtendrán el boleto a la fase posterior seis equipos. Los pasaportes estarán repartidos entre el líder de cada uno de los grupos y los dos mejores segundos lugares de la competición en general.

La etapa semifinal será a dos vueltas, del 30 de agosto al 9 de septiembre, en una sede aún por definir. Los dos mejores seleccionados disputarán el cetro del 11 al 16 de septiembre, a razón de cinco partidos a ganar tres.

Para muchos, entre los que me incluyo, como mismo la pelota cubana requería comenzar a insertar jugadores en ligas internacionales para elevarles el techo, también nuestro pasatiempo nacional necesitaba urgentemente de este tipo de campeonato, capaz de desarrollar a los peloteros jóvenes que no fueran seleccionados para representar a sus provincias en la cercana Serie Nacional.

Sin embargo, uno de los aspectos que preocupa es la fecha de realización, pues a este certamen le seguirá rápidamente otro con mucho más nivel y extensión en su estructura. Así, sobre todo muchos lanzadores con talento y vital participación en el Sub-23 tendrán iguales o mayores responsabilidades en el mayor espectáculo deportivo de la Isla.

Seguro que serpentineros de la talla del agramontino Norge Luis Ruiz y el holguinero Yaisel Sierra, entre otros, lanzarán muchas más entradas que las acostumbradas. Por lo tanto, sus managers, en ambas justas, deben buscar alternativa para cuidar los fuertes pero muy jóvenes brazos de esos monticulistas que hoy se presentan como las futuras cartas de triunfo del Team Cuba.

Es cierto que la práctica constante hace al deportista, pero la sobrecarga trae consigo además la aparición de lesiones graves. Para evitarlas, en este caso lo más acertado sería efectuar el evento de menores a la par de la SN, donde en esa competición puedan subir y bajar figuras de los planteles provinciales según su rendimiento.

Hay que entender que el Sub-23 no puede tener entre sus principales objetivos solamente el hecho de llenar los estadios, sino que su máxima función debe basarse en desarrollar a los atletas que necesitan una etapa intermedia entre la categoría juvenil y la de mayores, sin llevarlos a un exceso de juego.

De todas formas, como amante y fiel seguidor del béisbol cubano confío en que esta primera edición sea un experimento positivo para proponer futuros y mejores cambios.

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