Alexei Nápoles González

Tremendo nuestro gran elenco de baloncesto
Tremendo nuestro gran elenco de baloncesto

Les habla quizás un deportista frustrado, como denominamos aquí en Cuba a las personas, que por diferentes motivos –en mi caso la alta estatura del cielo a la cabeza- no pudieron realizar su sueño de llegar al alto rendimiento, y por ende, no tuvieron la posibilidad de poner a disfrutar a un público que a s siempre exige pero agradece la entrega en el terreno.

Les cuenta esta historia quien cuando cursaba la Enseñanza Primaria en la enorme escuela Josué País García, esperaba con infinita ansiedad el día dedicado a la actividad física dentro de las llamadas semanas de receso, aquellas a las que muchos les huían o cambiaban por un refrescante viaje a la playa, gracias a la ayuda incondicional de un solidario certificado médico.

Les escribe, quien en más de una ocasión se dormía después de las 12:00 de la noche pensando en los goles y las canastas que celebraría en los certámenes deportivos efectuados todos los años entre las diferentes secundarias básicas de Camagüey.

Y que decirles de mi etapa de preuniversitario, donde las Copas FEEM, que constituían la principal fiesta de los músculos para los alumnos de décimo a doce grado. Con esta competición se mantenía el espíritu combativo de los atletas, los deseos de victoria en cualquier escenario y el despertar y la consolidación de futuras relaciones humanas y sociales.

También recuerdo que en mi firme paso por el Servicio Militar, la práctica de deportes como el baloncesto y el tenis de mesa sirvió para que entre remates y donqueos se olvidara la nostalgia por la rica comida de la casa, por la lejanía de la familia y, sobre todo, se combatiera un poco el estrés que siempre depara esta faceta fundamental en la preparación para la vida, de nosotros los cubanos.

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Llegó entonces el café a la bodega o el pollo por pesacado, es decir, comenzó mi orgulloso y caliente paso por los Juegos Interfacultades Taínos, máxima expresión del movimiento deportivo de la Universidad de Camagüey, Ignacio Agramante Loynaz.

Corrieron así, cinco duraderos años, que me trajeron, sin hacer uso de la ironía, más glorias que pena, porque competí con una Facultad (Lenguas y Comunicación, CLEX) a la cual le faltaba talento deportivo, pero le sobraba sentido de pertenecía por lo que hacía.

Edición tras edición, al menos los varones por su escasa presencia en la matrícula general, no terminábamos de coger el último out, para segundos después rodar el balón por el terreno de fútbol, y más tarde dar el salto inicial en la disciplina de los aros y las canastas.

dsc01973Lo más agradable es que casi perdíamos todos los partidos pero nos ganábamos el respeto de la gente que veía como éramos los mismos quemándonos con los rayos de nuestro inseparable amigo sol. Rojos, negros, morados resultaban los colores preferidos para nuestra tatuada piel. Cientos de arañazos, y de músculos inflamados resultaban otras de las principales regalos que dejaban en los reyes magos de los Taínos.

No obstante, nunca había visto a un grupo de jóvenes con tanta pasión por lo que hacían, a pesar de saber de sus pocas posibilidades en los resultados deportivos, y no solo hablo de los muchachos, porque las colegas, inolvdables colegas, perdían la garganta dándonos apoyo y buscando pomos de agua para calmar la sed de sus Aquiles.

No les quepa la menor duda de que fueron pocos los juegos en los cuales salimos airosos. Si buscamos en las estadísticas, les digo que además de tres medallas en el fútbol rápido y dos cuartos lugares en la lid de básquet, en mi opinión la más fuerte de los Taínos, nos apuntamos dos peleados triunfos en el béisbol y uno en el voleibol. Dichas victorias, representaban tanto para nosotros, que parecía que con ellas habíamos clasificado a la final del Clásico Mundial en Chicago o a la de la Liga Mundial.

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Cosas curiosas tambien nos pasaron, y que decir de las medallas que perdimos, como por ejemplo cuando el grandote Ernesto se embarró de bloqueador solar por todo el cuerpo para protegerse del astro rey. Consecuencia, al resbalársele la bala por la grasa que traía en las manos, su envío le imposibilitó alcanzar lo más alto del podio, tuvo que conformarse con el metal plateado. ¿Qué les parece?

Otras de las historias que despertó mayor interés fue a la que titulé “El doce de CLEX”, ocurrida en esta última versión del certamen que cierra sus cortinas hoy jueves. Solo segundos faltaban para que el árbitro alquilara parte de su respiración en el afán de sonar el escandaloso silbato para arrancar con los 30 minutos de la verdad, correspondientes al choque de fútbol entre el once de Informática y el “doce” de CLEX.

No se burle, lo que les digo no constituye una pifia, pues por primera vez en la historia de la GALAXIA, uno de los conjuntos en competencia, jugó un partido del más universal con una docena de exponentes, entre ellos, quien les habla, perdón, quien les escribe.

Les confieso un secreto, si mi selección hubiera comenzado con 30 o más tacos sobre el césped de la UC, tampoco los hubieran cogido con más piernas en la masa, pues era tanta la concentración en el partido que los genios del software y la programación también se desayunaron tarde con la envenenada manzana.

Anécdotas como esas disfruté y compartí en esta manito de Juegos Taínos. Lo único que lamento es que ya concluí mi concurso en calidad de estudiante, por licenciarme este año en Periodismo. Sin embargo, por lo que ha representado en mi formación universitaria, hoy ya anoto mi presencia, en rol de egresado, para la próxima justa.

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