Alexei Nápoles González

 La próxima temporada beisbolera en Cuba, que comenzará en noviembre, agrupará a 17 equipos, informó Higinio Vélez, director nacional de esa disciplina, en una conferencia de prensa celebrada en el estadio Latinoamericano. Por lo tanto se mantiene en competencia, contra todos mis pronósticos y los de la totalidad de los cubanos, el elenco de Los Metros y se suman los representativos de Mayabeque y Artemisa.

A lo mejor me tilden de exagerado, pero sin dudas, la noticia llegó y rápidamente causó un impacto tan grande como si científicos hubieran confirmado la presencia de vidas humanas en otro planeta de nuestro sistema solar.

No es menos cierto que desde el propio periodo de la colonización española, nuestro país tuvo un desarrollo desigual, en el cual La Habana, por ser la capital, resultaba el asentamiento geográfico más desarrollado.

Retornando entonces en la máquina del tiempo hasta la actualidad, en pleno siglo XXI, nos percatamos que todos esos privilegios que responden a la Habanamanía hoy más que nunca encuentran vigencia en varios sectores de la sociedad y el deporte no escapa de ello.

Pero el colmo de los colmos apareció ayer, justo cuando todos los amantes del atletismo disfrutaban de la aplastante victoria del vallista Dayron Robles (13.01 segundos) en la última parada de la Liga del Diamante.

Minutos después de conocer la descabellada idea de agregar una selección más a la estructura de la edición 51 de la Serie Nacional ya los comentarios en contra de dicha medida inundaban las calles de la isla.

En lo particular me costó bastante trabajo creerme aquello, aunque ya me imaginaba algo semejante debido al nuevo formato de la Liga de Desarrollo. Luego de sudar frío y realizar un análisis más profundo de la situación se me ocurrieron las siguientes preguntas:

¿“La Comisión Nacional se habrá enterado de que en Cuba la pelota es el pasatiempo nacional de los cubanos y no solo de los habaneros”? y ¿No tienen en cuenta tampoco la opinión de los medios de prensa y de los fanáticos? ¿Hasta cuando la falta de respeto con los aficionados y peloteros de los demás conjuntos que participan en el campeonato beisbolero? ¿Hasta donde piensa llegar el regionalismo y el favoritismo con las novenas de la capital?

Hay que entender amigos lectores que si contáramos con 17 selecciones de calidad, todo sería maravilloso. Pero es que ni siquiera tenemos 10 conjuntos que mantengan año tras año estabilidad en sus resultados durante los partidos de la etapa clasificatoria.

Eso sin mencionar las difíciles condiciones por las que hoy atraviesa el renglón de los lanzadores, donde la mayoría de los elencos a penas reúnen uno o dos serpentineros de puntería, lo que ha posibilitado, INCREIBLEMENTE, que jugadores de otras posiciones incursionen y debuten desde la lomita de los suspiros.

No lleva tantos cálculos matemáticos conocer que con la nueva medida la zona occidental tendrá ligera ventaja con respecto a la oriental, pues uno de los equipos siempre descansará. Dicha situación no solo influye en el aspecto competitivo sino también en el económico debido al gasto mal empleado en esos jugadores que por el calendario tienen un receso en el cual consumen sin producir. En términos más actuales, son plantillas infladas.

¿Cómo los directivos del béisbol en Cuba no pensaron en que todo el recurso monetario utilizado en otra selección, sin posibilidades reales, como Metropolitanos, así como en los seis partidos demás que jugará cada provincia, se puede utilizar para devolver los encuentros al horario nocturno?

Póngale el cuño que los enfrentamientos de por la noche sí adornarán el espectáculo y además eliminarán las ausencias a los centros de trabajo de muchas personas que van a presenciar los desafíos al mediodía.

No es mi propósito darle una segunda lectura a esta lamentable noticia y mucho menos especular sobre lo que vendrá con su puesta en práctica, pero entre la intención de mantener viva la sucursal de Industriales (Los Metros), y de favorecer nuevamente a la capital, la realidad es que regresó la Habanamanía y ahora vino con un nuevo invitado, el colmo de su colmo

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