Por: Oreidis Pimentel

El momento de mayor gloria de Rafael Fortún quizás no fue su título en 1951, ni siquiera sus tres coronas centroamericanas en los 100 metros planos o su participación olímpica. ¿Cómo es posible? ¿Cuáles podrían ser mejores credenciales que esas medallas o actuaciones de “El Guineo Fortún“?

Hubo otros minutos más discretos, de mayor humildad y trabajo que nunca aparecieron en las múltiples biografías del campeón cubano, un hombre que soñó con una medalla olímpica, que entrenó descalzo, que corrió por casi veinte años, que fue despedido por representar a su país y que, de manera paradójica, dos años antes había rechazado un cheque:“Yo nunca competiré contra Cuba”.

Siempre que se le menciona sale a relucir su estela de éxitos en los Juegos Centroamericanos de Barranquilla 1946, Guatemala 1950 y Ciudad México 1954, el oro de los panamericanos Buenos Aires 1951 o sus participaciones olímpicas; por eso es importante redescubrir al otro Fortún, al que ganó muchísimas otras competencias en Cuba, el Caribe y Estados Unidos y que se formara sin entrenamiento científico.

En primer lugar pocos saben que su sueño era ser pelotero y practicó béisbol en la época  en que llegar al profesionalismo podría resolver todas las carencias de un joven negro.

Nació en la calle Estrada Palma No. 73 (hoy calle Ignacio Agramonte), el 5 de agosto de 1919, fue bachiller y hasta matriculó en la carrera de derecho en La Habana gracias a su desempeño deportivo, aunque nunca llegó a titularse. Fortún desempeñó muchísimos oficios en los años ’30, además, ¡No llegó al atletismo por sus condiciones y méritos, llegó por azar!

Era aprendiz de linotipista y tipógrafo en un local de la calle General Gómez en la ciudad de Camagüey, la imprenta del periódico “La Región”, y por esos avatares entre periodistas lo descubrió Gustavo Tomeu Riverón, reportero deportivo del influyente diario “El Camagüeyano”.

Es de creer que Tomeu Riverón viera correr a Fortún detrás de un tranvía o en algún juego de pelota manigüero, porque lo encandiló y se convirtió en su primer entrenador.

Otro detalle, la primera competencia de nuestro héroe no fue en 1941, como menciona el sitio Ecured, sino en 1938 en el selecto Club Ferroviario de Camagüey.

Lo que si es cierto es que entrenaba descalzo en el parque urbano Casino Campestre y que no tuvo para comprar zapatos hasta que el sacerdote Pedro Jaime Massaguer le regaló las primeras zapatillas de competencia.

Un día aceptó intervenir en un evento patrocinado por la progresista agrupación “Hermandad de Jóvenes Cubanos”, en 1941, y sin conocimientos de atletismo e inadecuada preparación física ganó esta prueba para asombro de los presentes.

Ingresó como oyente en el Instituto de Segunda Enseñanza de Camagüey, gracias a Gustavo Tomeu Riverón, donde por enfermedad del atleta titular, blanco por demás señas, fue designado para participar en los Juegos Inter Institutos en Santiago de Cuba, en los cuales obtuvo tres primeros lugares en 100, 200 metros y salto alto, donde posteriormente igualó el récord nacional de Gerardo Casanova: el pueblo comienza a nombrarlo “El Guineo Fortún”.

Fuera de su isla

Su primera competencia internacional fueron los Juegos Inter-Antillas en San Juan, Puerto Rico, lo que no se conoce es que había clasificado para la cita en el lanzamiento de peso y quedó tercero con 6 pies. Como la delegación cubana era ínfima tuvo que correr los 200 metros ¡Y fue bronce! También hizo 1,88 en el salto alto.

Antes de Barranquilla’46 participó en las justas de la Organización Deportiva de Cuba, y el primer festival José Barrientos In Memoriam, justa que ganaría muchas veces.

En Colombia “voló bajito”, impuso récord con 10,4 en 100 metros, ganó los 200 metros con 21,6 segundos y fue plata en el relevo 4 x 100.

Un año después viajó a Lincoln, Nebraska -otra competencia fuera de sus biografías- y por culpa de una lesión muscular fue tercero, aunque ello no le impidió volver a Cuba para dar al Instituto de Segunda Enseñanza de Camagüey el trofeo del Memorial Barrientos. El que no quiere a la patria chica, su ciudad, no quiere a la patria grande.

En Londres 1948 por fin llegó su sueño de estar en una olimpiada, sin embargo no pudo pasar de las semifinales; dicen -con margen para la duda- que como a la pista de entonces le faltaba un carril, no pudo competir en la final.

No compito contra Cuba

La Participación de Rafael Fortún en los panamericanos de Buenos Aires 1951 provocó su cesantía en el Ministerio de Obras Públicas.

Fue a Puerto España, Trinidad y Tobago, en 1949, con motivo a la festividad del Rey Jorge de Inglaterra y barrió en 100 yardas con 9,6 segundos, en 220 yardas con 21,6 y en 100 metros con 10,7. De regreso, atendiendo a una solicitud de Puerto Rico dio una exhibición de 100 metros en San Juan cronometrando 10,5.

Allí, Rafael Fortún se hizo más grande; recibió una proposición de la Universidad de Piedras para que fuera su coach de equipo con un sueldo fantástico. Lo rechazó diciendo: “Yo nunca competiré contra Cuba.”

Por eso duele tanto saber que luego de sus hazañas en Guatemala 1950 y en los panamericanos de Buenos Aires 1951 lo dejaran cesante en el Ministerio de Obras Públicas.

En 1950 “El Guineo” arrancó mal, como de costumbre, delante tenía a sus archirivales, el jamaicano McKenley y el panameño La Beach, y su compañero Jesús Farrés desde otro carril le gritó “¡Tú, sí, campeón, tú, sí…!” Esa fue la visión del cuarto lugar que sintió suyo el remate. Dentro del Monumental de Buenos Aires fue necesario el fotofinish para desempatar con el norteamericano Arthur Bragg.

La crónica del periodista Víctor Joaquín Ortega incluye la frase: “búrlate del pico y pala bajo el sol, del pan con timba, del entrenamiento anticientífico”, aunque para ser justos Fortún no dio pico y pala sino que por su condición de “un poco leído e instruido” llevaba una tablilla para inspeccionar y contabilizar a pie de obra, también una tarea dura atendiendo al mísero salario y al sol.

Eso de que fue a San Juan donde le ofrecieron beca y que vino a Cuba y que en La Habana al reponérsele su empleo por la presión de la opinión pública decidió permanecer en el país y no irse a otro rumbo no es cierto ¡Fortún jamás hubiera abandonado a su país! Lo de las ofertas fue en 1949 y ya saben lo que dijo, no creo que pensara otra cosa en 1951.

Para mal comer en un bar, sus amigos lo hicieron socio del Lanceros Sport Club de voleibol, deporte que no practicaba pero que le permitió acceder a los platos que les servían en la calle San Esteban de Camagüey.

Ese mismo año, 1951, en la Universidad de Berkerley, California, se batió con los mejores corredores norteamericanos y con 10,5 en 100 metros mereció un bronce por fotofinish; también fue al dual meet Cuba-México donde ganó 100, 200 y el relevo corto con Raúl Mazorra, Ángel García e Israel Mestre. Tenía 31 años.

Faltó la medalla olímpica pero tuvo el espíritu

En Helsinki 1952 también llegó hasta las semifinales de 100, 200 y 4×100.“Tenía para más, pero el hambre y la miseria fueron sus principales contrincantes”, declaró años más tarde su compañero de carreras Ángel García.

Cuando nadie contaba con él puso una “pica en Flandes” y ganó los centroamericanos de 1954 en Ciudad México en los 100 metros y fue segundo en el 4X100. Tenía 35 años. ¡Fue invencible en el área geográfica desde 1946 a 1954! No perdió ningún heat. El mejor corredor de América.

Lástima que no pudiera ir a los olímpicos de Melbourne 1956, que no obtuviera la tan ansiada medalla olímpica, que en 1982 el cáncer y con él la muerte le impidieran encender el pebetero de los Centroamericanos de La Habana.

En 1954 el presidente mexicano Adolfo Ruiz Cortina lo condecoró especialmente: “Usted es un ejemplo para las juventudes de América, por su dedicación y tesón.”

La carrera deportiva de Rafael Fortún Chacón recuerda a Jim Thorpe cuando el rey Gustavo V de Suecia le dijo en 1912: “Eres el atleta más grande del mundo”

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